8. EL SER HUMANO I. Esencia y apariencia, Conductor y coche

Eje 1: Conocimiento de uno mismo

8. EL SER HUMANO I: Esencia y apariencia 

Conductor y coche

El ser humano no es simplemente lo que aparenta ser. En esta publicación vamos a aproximarnos, quizás, a la pregunta más importante que toda persona debería plantearse: ¿Quién soy? 

Empecemos, como siempre, con una imagen...

Abordar esta importante cuestión es el inicio de un gran recorrido que hoy vamos a emprender, y que constituye la primera parte de este programa de estudio. En él se establece un itinerario a través de los tres grandes ejes de la consciencia que señalamos en la ENTRADA número 2: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago y que puedo hacer aquí? (Recomendamos leer dicha entrada antes de continuar). 

A partir de este momento y durante esta trayectoria, vamos a incluir al comenzar cada publicación, un pequeño mapa conceptual en el que señalemos la estructura general que vamos siguiendo, así como la parada exacta (marcada con otro color) en la que nos encontramos en cada ocasión. Es una forma de ir integrando progresivamente el plan de estudios marcado en el manual.


OUXÍA E IPÁRXI. VOLUMEN 1:

CONOCIMIENTO, CONSCIENCIA Y EVOLUCIÓN

 

Ejes de la consciencia

- Eje 1:  Conocimiento de uno mismo ¿Quién soy? 

     I. EL SER HUMANO

         1. Esencia y apariencia: Conductor y coche (ENTRADA 8)

           2. El coche humano (ENTRADA 9)

           3. El coche consciente (ENTRADA 10)

           4. El Conductor (ENTRADA 11)

                      A. La edad del Alma (ENTRADA 11-A)

                  B. El propósito del Alma (ENTRADA 11-B)

 

- Eje 2: Conocimiento de entorno ¿Dónde estoy?

      II.  LA MADRE TIERRA (ENTRADA 12)

      III. EL MUNDO (ENTRADA 13)

 

- Eje 3: La acción humana ¿Qué hago y que puedo hacer aquí?

     IV. LA ACCIÓN HUMANA (ENTRADA 14)

      V. EL LIBRE ALBEDRÍO (ENTRADA 15)

 

 

Tras este inciso aclaratorio, volvamos a la pregunta inicial: ¿Quien soy?

Los mismos griegos, conocidos en todo el planeta por su sabiduría, señalaron la importancia de esta pregunta trascendental. En el Santuario de Delfos, un gran cartel saludaba a los viajeros buscadores de la verdad en la entrada del templo de Apolo. Decía así:  γνωθι σεαυτόν, mítico aforismo griego traducido como “conócete a ti mismo”. 

 ¿Y por qué es tan importante esta cuestión? Para responder a esta pregunta vamos a hablar de las enseñanzas del gran Alma iniciadora de la tradición budista: Siddartha Gautama Buda.

Nos cuenta la tradición oriental, que Buda fue príncipe en una antigua ciudad llamada Kapilavastu, situada a los pies del Himalaya, donde su vida transcurría de forma apacible en medio de un vergel de riquezas, belleza y armonía. A la edad de 29 años, tras un incidente en el que contempló un atisbo del sufrimiento humano -al que desde su morada era completamente ajeno-, nuestro príncipe dejó atrás su palacio, a su esposa y a su hijo, para lanzarse al mundo a descubrir cuál era la causa del dolor y el sufrimiento de sus semejantes. Su camino, su vida y sus aportaciones fueron uno de los más amplios despliegues de Sabiduría vertidos sobre esta humanidad.

En sus Enseñanzas, Buda nos habla de los Kleshas, o estados mentales negativos que nublan el entendimiento humano, siendo la causa de su sufrimiento. No habla de doscientos kleshas, tan solo de un puñado de ellos (varían en número según la tradición). Los Yoga Sutras de Patanjali los agrupa en cinco grandes causas de sufrimiento humano, de los cuales, el primero y principal, pues origina todos los demás, es la ignorancia. Y no la ignorancia de las capitales del mundo o de los ríos de Europa: la ignorancia de lo que somos. Según la tradición budista esa es la causa primigenia de todo sufrimiento del género humano.

Planteándonos como posible esta afirmación resulta enormemente relevante indagar de manera seria en lo que realmente somos. De la enseñanza de Buda podríamos deducir la siguiente premisa (que nos va a servir de eje esencial para construir esta reflexión):

La ignorancia de LO QUE SOMOS, hace que nos identifiquemos con LO QUE NO SOMOS, dejándonos así arrastrar en la vida por una gran corriente de sufrimiento al que solo se le puede dar fin mediante el Conocimiento Espiritual, que vuelva a poner el foco en la verdadera esencia de lo que somos, ordenando desde ahí, todo lo demás. 

En otras palabras, y volviendo a la consciencia: conocer quiénes somos hace que nos conduzcamos en la vida con un mando consciente y no de manera inconsciente, es decir, sin ton ni son, chocando con todo y con todos, de acá para allá, de emoción en emoción, entretenido y magullado. 

Y es que, si nos miramos al espejo, veremos reflejado en el cristal a un cuerpo humano: esta es la apariencia de una persona, lo que vemos a simple vista. Pero identificar a un cuerpo humano con un ser humano, -aunque incluyamos en el “pack” pensamientos, emociones y una personalidad- es como mirar a una mano y desde esa mano pensar que el cuerpo humano completo es una mano con sus cinco dedos, sus líneas y sus uñas más o menos cuidadas. La mano forma parte del cuerpo, eso es indiscutible. Pero no es el cuerpo. Y, del mismo modo, lo que vemos en el espejo forma parte de lo que somos, pero no lo ES en su totalidad. 

El ser humano es una estructura maravillosa en la que convergen y conviven dos realidades en perfecta conjunción: una aparente, que es la que podemos percibir con los sentidos físicos, y una esencial, que tiene un carácter espiritual y constituye nuestra verdadera naturaleza. La esencial es lo que somos: el SER, y la aparente donde estamos: el ESTAR.

Emilio Carrillo en sus conferencias y tratados, utiliza la metáfora del Conductor y el coche, metáfora que, a partir de este momento, utilizaremos para referirnos a las dos realidades que se hacen UNA en el ser humano: la apariencia y la esencia, el ESTAR y el SER, el coche y el Conductor.

Desde ahora cuando hablemos del coche estaremos haciendo mención a la realidad material del ser humano, y con el término Conductor nos referiremos a su dimensión esencial o espiritual. Ambas realidades se ensamblan, conviviendo entre sí durante toda nuestra vida en la Tierra. Y de la calidad de esta convivencia depende el grado de plenitud que podamos llegar a alcanzar. 

De modo que tenemos un Conductor (un SER), que habita temporalmente un coche (su ESTAR) para “algo”, y aquí tenemos el tercer aspecto fundamental de la vida humana: no nacemos por nacer y para pasar el rato; nacemos para llevar a cabo una serie de vivencias, con un motivo, con un sentido, con una tarea o una serie de tareas a llevar a cabo. 

Señalábamos líneas más arriba que, para que la experiencia vital transcurra de manera óptima, cada una de estas dos facetas humanas ha de ocupar su lugar correspondiente y ambas han de estar en armonía y equilibradas entre sí. Pues si nos identificamos con el coche, y no sabemos que realmente somos el Conductor, iremos al son de lo que al coche quiera, le apetezca, considere o se le ocurra, y no llevaremos a cabo la experiencia que, como Conductor, hemos venido a vivir. 

Para que la experiencia humana sea plena y vivamos la vida que elegimos vivir, es preciso que ocurran tres cosas. 

Primera: que conozcamos en profundidad nuestro coche, que es un vehículo potente, completo y muy sofisticado. 

Segunda: que sepamos que, más allá del coche que habitemos, lo que realmente somos es el Conductor. 

Y Tercera:  que seamos capaces de conectarnos conscientemente a esta esencia original para orientar así nuestra experiencia. 

Antes de seguir avanzando y para quien estos conceptos resulten nuevos, definamos de manera más precisa las dos realidades a las que estamos aludiendo:

 ¿Qué es el coche? El coche es nuestra realidad, física, energética, emocional y mental, así como la personalidad asociada a todo ello. El ESTAR.

¿Y qué es el Conductor? El Conductor es la realidad álmico-espiritual del ser humano, su verdadera esencia original, que utiliza un coche como instrumento para la experiencia humana. El SER.

La única base posible para entender quiénes somos realmente y qué estamos haciendo aquí es comprender cuáles son los diferentes subniveles y partes que nos conforman, y aprender a distinguirlas y a ubicarlas. Todo ello con el objetivo de tomar el mando consciente de nuestra vida, lo que quiere decir, que sea nuestro Conductor el que lleve las riendas de lo que hacemos y no el coche. 

De momento lo vamos a dejar aquí, en la próxima publicación entraremos de lleno a profundizar en el estudio de nuestro coche humano, así como en lograr su equilibrio y pleno funcionamiento bajo un mando consciente. 

Insistimos antes de concluir en que, conocer nuestra verdadera realidad y naturaleza, a nuestro coche en todo lo que es y a nuestro Conductor, así como aprender a conectarnos con él, resulta trascendental en una vida humana consciente; además de que, como señalábamos antes, desconocerlo es la causa madre de todo sufrimiento.

 

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