4. La Vida
Somos vida y estamos rodeados de vida por los cuatro costados en este planeta bello y exuberante, tan lleno de contrastes.
Pero ¿qué es exactamente la vida? ¿Qué significa este prodigioso y enigmático suceso? ¿Nos lo hemos preguntado alguna vez?
Era en el colegio, generalmente en la asignatura de Ciencias Naturales, cuando nos acercaban por primera vez a una definición de lo que es la vida. Bueno, corrijo, de lo que son los seres vivos, porque la vida como concepto era complejo de definir a este nivel, por no decir imposible. Esta definición escolar era más o menos la siguiente:
“Los seres vivos son aquellos que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Las llamadas funciones vitales (nutrición, relación y reproducción) son el requisito imprescindible que debe cumplirse para que un organismo pueda ser considerado vivo.”
Como podemos ver, se trata de una descripción simple que pone su acento en el movimiento, en la evolución.
Con el tema de las semillas, los profes lo tenían más complicado. Nos introducían entonces la idea de que, en el interior de las semillas, la vida está solo en estado “latente”; lo cual significaba que, mientras no se dieran las condiciones oportunas, la semilla se comportaba como sustancia inerte (lo contrario a viva). Eso, traducido al lenguaje infantil se convertía en lo siguiente: la semilla no está viva, pero tampoco está muerta, a menos que la semilla se haya malogrado. Y con eso nos quedábamos todos contentos, ahí empezaba y terminaba la supuesta definición de la vida, al menos a nivel escolar.
Más adelante, se profundizaba en esta evolución, en este movimiento de las sustancias vivas, pero, en realidad, de la vida como concepto, nada se mencionaba. Se daba por hecho que mostrar su ciclo era suficiente para comprender su existencia. Y al respecto de su procedencia ninguna alusión. Ello pertenecía a esos campos blancos de la ciencia que, por imposibilidad de acceder a ellos de forma experiencial, es mejor eliminar.
Esta visión de la vida está relacionada directa y exclusivamente con la biología. Y no es que no sea acertada, es que, simplemente, no resuelve en modo alguno el enigma que supone. Podríamos intentar describir y enmarcar la vida dentro de ese concepto que se denomina “vida biológica” y que sin duda es una manifestación inequívoca de la misma, pero... ¿Y la Vida –con mayúsculas– en esencia qué es? ¿De qué trata exactamente? ¿Puede limitarse exclusivamente a la biología?
Para contestar a estos interrogantes, nuevamente tenemos que recurrir a las tradiciones filosóficas y espirituales de todos los tiempos y lugares del planeta, a ver lo que nos cuentan. Y lo que nos enseña la Sabiduría ancestral con toda rotundidad es que la Vida no puede contenerse en el reduccionismo biológico, pues esto sería caer en una visión sesgada y restringida de la misma.
Para la Sabiduría Sin Edad, en el Universo todo es Vida. El Universo en su conjunto es una Grandiosa y Perfecta Unidad de Vida. Seres, piedras, planetas, estrellas...Todo lo impulsado desde esa Causa Primera tiene consciencia, y esa consciencia se plasma y evoluciona a muchos niveles diferentes, pues esa Causa Primera ES la Consciencia en sí misma; y en todo lo que se genere a partir de ella, está Presente.
Desde ahí, podríamos definir la Vida como un gran Viaje de la Consciencia a través de distintas dimensiones, planos, formas, modalidades diferentes en las que va expandiéndose, enriqueciéndose y evolucionando a través de experiencias muy variadas.
Esta inmensidad que llamamos Vida es a la vez un milagro y un misterio. Y tiene su propio sentido, su propio camino, su propio ritmo, fases, ciclos, en base a su progreso y evolución.
En este colosal y apasionante Viaje de la Vida, en un momento concreto aterriza en un plano material, como es el nuestro: este en el que vivimos y que podemos percibir con nuestros sentido físicos.
(Como anotación, señalar que este plano es de una enorme densidad en comparación con los planos espirituales.)
En relación a lo que se conoce como plano material, nos encontramos dentro de este vasto universo, en una galaxia llamada Vía Láctea, dentro del Sistema Solar, sobre este pequeño planeta que llamamos Tierra, en el que la Vida se plasma en una gran riqueza de formas diferentes. Una de esas manifestaciones de la Vida en la Tierra es la vida biológica.
La vida biológica en los planos materiales supone una expresión de la Vida Una, en la que ya se ha alcanzado un cierto grado de evolución, en comparación con otras formas de vida de menor recorrido, como es el reino mineral, al que la biología califica como inerte. Es a partir del reino vegetal, cuyos integrantes ya sí realizan las mencionadas funciones vitales, que la biología enmarca la vida que conoce, considera y puede describir, aunque no pueda explicarla.
Observando la vida biológica, podemos claramente describir sus ciclos, su movimiento, su desarrollo. No tenemos más que mirar alrededor con detenimiento para percibir el movimiento ordenado y cíclico que se da en todo lo que vemos: las mareas, las estaciones, la menstruación, la luna, la rotación planetaria, el ciclo del agua... el ciclo de la vida. La Sabiduría afirma que esos ciclos pueden ser extrapolados a la Vida en su conjunto.
Y ya, si nos abrimos al Cosmos, contemplamos como todo en él es una danza armónica de movimientos cíclicos, a través de los cuales todo evoluciona constantemente.
Aquello que llamamos Dios está en todo lo que ha creado. Al crear, Dios da Vida de Sí mismo, Se manifiesta y Vive en Su Creación. Es por ello que afirmamos que Dios no está en ningún cielo o paraíso concreto que podamos imaginar desde nuestra mente humana: Dios está en cada uno de nosotros, a nuestro alrededor y en absolutamente todo lo que existe.
Y, si queremos acercarnos a “Él", hemos de buscarlo dentro, en nuestros hermanos y en todas las manifestaciones de la Vida que nos rodea.
Precioso María, gracias por compartirlo
ResponderEliminarGracias bonita. Un gran abrazo
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